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Descubrir el ego

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Descubrir el ego

El problema del sufrimiento humano es el ego. Lo que impide vivir la plenitud, la belleza, el amor, la lucidez, la paz que se está intuyendo, y hace que en su lugar se viva sufrimiento, angustia, temor, ira, tristeza, etc., es el ego.

Miremos, en primer lugar, qué queremos decir con la palabra “ego”, ya que para cada persona o mente concreta esta palabra puede tener diferentes significados. Se suele llamar egoísta a la persona que no tiene consideración hacia los demás, que carece de una sensibilidad de sentido común o sentir en comunión, que se enfoca exclusivamente hacia los beneficios propios, sin tener en cuenta el beneficio del grupo, o que perjudica a los demás debido a ese interés exclusivo hacia sí misma. Cuando hablamos aquí de ego, pretendemos ir más allá de esta definición. Nos referimos al ego como la causa de todo problema psicológico, de todo sufrimiento de la persona a nivel general.

Podemos ver que el estado de ánimo de las personas varía dependiendo de si las circunstancias son favorables o desfavorables. Generalmente las circunstancias están en relación propiamente de las personas, aunque hay otras circunstancias de la naturaleza que también se pueden vivir favorable o desfavorablemente. Aunque podemos ver un común denominador general, unas personas se afectan mucho más por unas circunstancias que lo que se afectan otras por esas mismas circunstancias.

Cuando la persona se siente despreciada por sus allegados o conocidos, sea en el ámbito que sea, puede vivir una angustia de soledad afectiva, de abandono o de tristeza. Ese sufrimiento unas personas lo vivirán más intensamente y otras menos.

Si investigamos esta vivencia de sufrimiento, descubriremos que es debida a la experimentación que la persona ha ido teniendo desde la infancia, a una serie de ideas y de experiencias dolorosas o angustiosas, que han configurado una manera de reaccionar delante de unas circunstancias.

Por eso, hay una serie de circunstancias que favorecen a que la persona esté alegre, contenta, y viva más un “aquí y ahora”, con mayor lucidez, con mayor belleza, con mayor fuerza, con mayor predisposición. Y, en cambio, hay otras circunstancias que hacen que la persona viva angustiada, triste, irascible, etc. Si observamos veremos que la manera de reaccionar viene dada por la indicación de quién soy yo como valor.

En el momento en que me dan a entender que hay una etiqueta en mí negativa, se produce automáticamente un dolor que puede durar un tiempo. Si me dicen que soy tonto, o me indican que no soy suficientemente listo, que no soy suficientemente amable o simpático, o que no tengo suficiente fuerza, capacidad de esfuerzo, agilidad, etc., eso me provocará sufrimiento. En cambio, si me dicen que soy guapo, inteligente, simpático, etc., eso hace que me abra a la posibilidad de vivir más lúcidamente, más cariñosamente, con mayor disponibilidad energética. Si la persona se viviera libre de toda etiqueta, el que le dijeran que es tonta o idiota o débil no le afectaría, pues estaría viviendo detrás de toda idea negativa de sí misma.

Las personas podemos tener de todo. Una persona realiza una acción, un modo, y al cabo del rato, otro modo. Pero parece que la persona quede retratada en un momento dado, asociada a una idea fija, a un modo determinado, como si la persona fuera eso, como si fuera una figura del belén de Navidad, limitándose exclusivamente a la funcionalidad que tiene esa figura en concreto en el belén. Y el movimiento experimental de la vida no indica esto, ya que las personas podemos ser de todo, en un momento dado, como modo.

Pero al estar pendientes de los modos, nos preocupa que los demás crean que somos sólo un modo negativo, o nos motiva mucho que crean que somos sólo un modo positivo. Se ve una demanda de admiración (“soy alguien importante”), valoración (“soy fuerte, capaz”) y cariño (“me quieren”). Y no solamente las personas tienen esa idea de mí y me tratan de acuerdo a ella, sino que en mi mismo movimiento mental, de conceptos, hay un juicio de mí mismo en relación de eso. Me juzgo a mí mismo dependiendo de mi modo de ser en determinadas circunstancias, de si he dado la talla, de si he sido inteligente, capaz, fuerte, de si he sido digno de ser amado y he podido expresar afectividad. Todo esto conlleva que la persona sea como una especie de máquina, que viva en una especie de hipnosis, y que siempre reaccione de la misma manera a las circunstancias, enfadándose siempre por las circunstancias que decimos adversas y sintiéndose estimulada por las que llamamos favorables.

El sufrimiento humano, en gran medida, viene de esa necesidad de sentir admiración, valoración y cariño. Viene de no vivir el momento preciso del aquí y el ahora, por estar en la búsqueda de tener, hacer y sentir determinadas cosas, o ser un modo concreto (médico, abogado, sabio, espiritual, fuerte, etc). Si no llego a tener, hacer, sentir o ser lo que he idealizado, se cierra el momento preciso del instante presente, de la vida real, del aquí y el ahora. Y entonces vivo ese sufrimiento, esa angustia de diferentes maneras: soledad, tristeza, ira, celos, apatía…

Podemos decir que el ego es, en gran medida, el conjunto de ideales que vienen de ideas negativas que no quiero vivir, que no quiero identificarme con ellas. Todos los pensamientos que giran alrededor de ser admirado, querido, valorado, de desear tener, hacer, sentir y ser, todos los pensamientos que en definitiva son juicios hacia mí mismo, de la idea que tengo de mí mismo o de cómo debería ser yo, y en relación de cómo los demás me están clasificando, todo eso es el ego, y es el problema del ser humano. El problema no solamente del dolor psicológico, sino la limitación de vivir la plenitud ahora, la paz ahora.

En relación de esas ideas cristalizadas en uno, hay un mecanismo por el cual viene la idea de fuera, que toca con la idea interna, y provoca, en mayor o menor medida, emoción (ira, rabia, celos, exaltación, etc). Y la emoción provoca una determinada acción, que dependiendo de la estructura personal será más de ataque o más de defensa. El mecanismo que provoca el ego, por lo tanto, sigue siempre este orden: pensamiento, emoción y acción.

A la persona muchas veces le es imposible pensar (mentalmente, a nivel de ideas) que puede vivir detrás de eso. Es decir, esto configura para ella la realidad, ya que eso es lo que ella toma por lo verdadero, por lo real. Y como es la tónica general, parece que esta hipnosis es lo natural. Pero no es lo natural, es lo adquirido a través de las vivencias que se han tenido desde pequeño, que se han ido grabando, configurando como parte de lo que se suele llamar personalidad. Pero no hemos de confundir el ego con las características singulares de la persona, tales como aprendizajes, informaciones, conocimientos, etc., que no son ego, sino que son simplemente una forma particular de vivir.

¿Cómo podemos, a rasgos generales, trascender o solucionar el ego? Para solucionar el problema del ego lo primero que hay que hacer es distinguirlo bien, verlo bien, saber lo que es. Es como cualquier problema que se plantee en la vida: si no diferenciamos claramente todos los elementos de tal problema, difícilmente podremos solucionarlo. Una vez se ha visto bien, se trata de empezar a armonizarse para luego poder trascender, y a tal efecto se pueden hacer dos cosas. Una es liquidar, liberar todo el dolor acumulado que está como culpabilidad de la vida, del otro y de mí. Y para liberar este dolor hay que, no sólo perdonar, sino ir más allá del perdón: aceptar que las cosas fueron de aquella manera por un conjunto de circunstancias y que no hay nadie intrínsecamente malo. Se trata de comprender que no es una batalla del bien contra el mal en relación de las personas o de la naturaleza, sino que en un momento determinado un modo de ser dio un resultado de funcionalidad negativa para mí o para otra u otras personas. Y que esa persona intrínsecamente no es mala. El profundizar en este entendimiento me dará la lucidez y el discernimiento para perdonar de verdad, para aceptar la circunstancia. Y hay un cúmulo de traumas, de rabia, de odio, de intolerancia del pasado que se está repitiendo en el presente y que hay que liquidar.

Por otro lado, para armonizar, se debe empezar a ser independiente de las circunstancias, y vivir con más soltura lo que conlleva la experiencia directa de la vida, sin toda esta hipnosis.

Es decir, vivir la energía o predisposición, la afectividad, el amor, la belleza, la lucidez, la inteligencia… Y vivirlo directamente, no para quedar bien o para conseguir nada, sino como guión de vida. Darme el permiso de vivir más intensamente eso.

Por lo tanto, para poder trascender el ego hay que verlo, distinguirlo con claridad. Y verlo, no en el otro, sino en mí. Y luego, la persona se debe armonizar a partir de estas dos bases de trabajo. Este trabajo es el que se recomienda a nivel general, aunque hay que tener en cuenta que cada persona es distinta y tiene su nivel de madurez.

Y finalmente para trascender se trata de continuar tal como empecé, que era mirando, situándome en el mirar. Manteniéndome en el mirar como fondo de realidad en mí y en todo ahora. Eso que veo en funcionamiento, que es el ego, ya no será la realidad exclusiva, sino que formará parte de un campo más grande de conciencia en el que estará eso, pero al mismo tiempo habrá una vivencia de fondo y una experiencia directa de energía, de afectividad, de amor y de lucidez. Y eso es trascender, que aunque aparezca aquello, se está viviendo, por así decirlo, desde otro lugar más real, más auténtico, más veraz. Trascender no es olvidar, no es culpabilizarme porque aparezca, no es luchar por que no aparezca, sino integrar. Es una aceptación desde el fondo del vivir.

Eso es trascender. Y trascender es solucionar el problema fundamental del ser humano.

 

Coloquio

 

Participante 1: ¿Cómo sabes cuándo estás actuando desde el ego y cuándo estás actuando desde el fondo?

 

Jordi: Esto que acabas de preguntar es una trampa, porque la pregunta la formula el ego. El ego tiene la característica de querer tener la razón y estar seguro. Y entonces pregunta en relación de a ver si esta pose es la correcta. No le interesa la autenticidad de vida, sino la pose. Está mirando las cosas en relación del comportamiento, desde la preocupación de cómo va a quedar o no va a quedar o si lo va a hacer bien o no lo va a hacer bien. Si lo investigas, verás que de esta pregunta que formula el ego, casi podríamos decir que nos tendríamos que olvidar y deberíamos buscar lo genuino independientemente de indicaciones y de pruebas de que es lo genuino. Dejarnos estar de las ideas de lo genuino y de los ideales de lo genuino y de lo auténtico, para vivirlo en nosotros mismos sin ideas. De todas maneras, te puedo dar algún indicativo, porque parece que si no, se queda la persona un poco perdida. Uno de los indicativos es mirar si se actúa viviendo desde la serenidad. Si la serenidad no se pierde es muy posible que se esté viviendo desde lo genuino, desde el potencial. Si la serenidad se pierde, seguro que la cosa no va por aquí. Es una de las indicaciones.

 

Participante 2: Si una persona es consciente todo el día de sí misma, en el “aquí y ahora”, el inconsciente no tiene mucha fuerza; si siempre está consciente de sí misma, de su forma de actuar, de su forma de hablar, de su forma de ser… Entonces el ego no tiene mucha fuerza.

 

Jordi: Para intentar mirar un poco más, y sin ánimo de que se tome como contradicción ni nada, te diré que ser consciente de sí mismo, tal como estamos usando la frase y si realmente se está usando como se está diciendo, no se puede ser consciente de sí mismo. Esto puede llevar una pelea de ubicación de visión, a través del pensamiento y a través de la disciplina, ya que uno es la conciencia como identidad. Por lo tanto, no es ser consciente de uno, sino estar situado donde la consciencia es consciencia. Si se está situado donde uno es consciencia, entonces inevitablemente lo que has dicho es así: el ego no tiene fuerza. Puede, por el hábito o por el momento de madurez en que se esté, que aparezca ego. Tal como decíamos antes, tenemos una serie de pensamientos que provocan emociones y luego acción. En el proceso de realización, viviendo siendo conciencia, la primera fuerza que se pierde como ego es la de la acción, aunque queda emoción. Después se pierde la emoción y por último el pensamiento, y aunque no se pierdan flashes de ideas que son de ego, no pasa nada. No sé si te llega lo que te digo.

 

Participante 2: Yo he seguido un cursillo de Antonio Blay, de relajación y energía, un libro que él escribió. Si uno va siguiendo todo ese proceso, llega un momento en que quieres poner un silencio de ti mismo. Y llega una faceta en que notas mucha energía, porque eres consciente. Yo lo que digo es que en ese momento el ego no tiene ninguna fuerza. Soy consciente de la vida diaria, del hecho de estar aquí, de estar sentado, de estar con vosotros. Estando consciente, el ego va perdiendo fuerza.

 

Jordi: Pero no solamente energía, sino también afectividad y lucidez. También se ha de intentar mirar qué queremos decir con “silencio”, porque no todas las personas lo ven de la misma manera. Podríamos decir que es el indicativo de conciencia, en el sentido de inmediatez de vida, de identidad, de algo idéntico, de algo que podríamos indicar como sin tiempo, eterno. Es el fondo de donde está surgiendo toda la experiencia y que al mismo tiempo se vive simultáneamente con la experiencia, porque la experiencia también es eso en el instante. Y ese silencio es fundamental en el trabajo. Es lo real, como identidad.

 

Participante 2: Para aumentar este silencio, ¿de qué se trata, de más práctica?

 

Jordi: Sí.

 

Participante 2: ¿No hay nada que pueda darle más fuerza?

 

Jordi: El amor. Amor quiere decir interés, quiere decir atención. Cuando hay amor por eso, cuando por encima de bienestares y malestares, por encima de circunstancias, lo más importante es eso, entonces ahí aparece la máxima vivencia de profundidad de eso. Y ese amor aparece porque aparece. No hay una estrategia que haga que esto suceda. El amor surge por otro factor fundamental, que es el entendimiento, el discernimiento, la comprensión. Cuando por lucidez, por discernimiento, aparece una exigencia de autenticidad, de espiritualidad, de realidad, entonces eso es amor por eso. Ese amor es lo que hace que se viva la unidad con eso.

 

Participante 2: Pero en este ritmo que llevamos en la sociedad, que te obliga a hacer tantas actividades para subsistir, te falta tiempo para lo otro.

 

Jordi: No necesariamente. Es un mito aquello de que para realizarme me tengo que ir al campo o tengo que dejar de trabajar. Todo se puede hacer sobre la marcha. Es necesario o aparece inevitablemente hacer retiros, y los retiros se pueden hacer en casa y en horas y momentos determinados, como en la actividad. Parece que cueste más, pero no es que cueste más, es que ha de ser así. Porque si nos queremos retirar de la vida cotidiana, en un sentido amplio, nos llevaremos la vida cotidiana dentro allá donde vayamos. El problema es que no hay suficiente discernimiento y amor por eso, porque eso no está a parte de la vida cotidiana. La vida cotidiana está en eso.

Participante 2: Pero no es lo mismo dedicarle una hora que dedicarle todo el día.

 

Jordi: Hay que tener cuidado porque las ideas son muy engañosas. ¿A ti te cuesta? Nos costará siempre, porque el que tiene hijos dirá que ahora no es el momento porque tiene hijos. Pero luego podrá tener nietos, y aun estando jubilado se tendrá que dedicar a los nietos. Y siempre hay algo que marea la perdiz. Solemos proyectar un problema nuestro concreto como si fuera un problema generalizado. Decimos: “les cuesta” o “nos cuesta”. Y tenemos que ser cada vez más exigentes, más objetivos, más sinceros, y mirar nuestro problema. Porque una manera de huir de nuestro problema es plantear el problema como algo global, general. Debemos ser muy exigentes con la objetividad, con lo que se ve realmente y no dispersarnos.

 

Participante 3: Él ya lo ha dicho al principio: el ser consciente de sí mismo. Si puedes mantener esa conciencia en toda acción diaria, ya es trabajo. Porque parece, o al menos yo lo estoy entendiendo así, como si el trabajo tenga que ser siempre en retiro o sin la vida cotidiana. Si esa atención que él apuntaba al principio la logra mantener en todo acto, para mí eso ya es.

 

Jordi: Aunque yo he dicho en ese momento que cuidado con la trama del pensamiento. No es ser consciente de mí, sino ser más yo mismo, o mejor dicho, ser yo, ser conciencia. Porque si no siempre hay una dualidad: yo que me miro a mí. Eso de entrada. Ahora bien, él plantea el hecho de que hacer esto cuesta. Entonces, cuesta porque no hay el discernimiento suficiente y el amor consecuente con este discernimiento. ¿Y por qué no hay el discernimiento y el amor consecuente con eso? Pues no lo sé. Se podrían decir muchas cosas, pero no sé.

 

Participante 2: La espiritualidad también es una cosa que no se debe forzar, porque el hecho de ser uno mismo no se debe forzar. Yo soy yo aquí, y por lo tanto, si me empiezo a plantear tantas cosas me estoy esforzando. Porque a veces para conseguir una cosa de este tipo se tiene que buscar sin buscar. No sé, se contradice esto.

 

Jordi: Aquí hay una cosa que es interesante mirar. Es verdad que se puede afirmar que la búsqueda termina, porque el buscador es lo buscado. Pero durante una temporada hay que barrer la casa y se necesita la escoba. Cuando ya está barrida, la escoba en las manos no sirve. Lo digo porque, teniendo que hacer un “trabajo”, la persona crea una idea, en según que ámbitos espiritualistas, de que no hay que forzar y no hay que hacer nada. Y claro, no forzar y no hacer nada es dejar que funcione el hábito del ego de antes. O sea que, por un lado, es no esforzarse en nada, ni hacer nada, y por otro, es hacerlo todo.

 

Participante 2: Pero tienes, por ejemplo, un músico. A veces he visto por la televisión un guitarrista que pone toda su alma ahí. Cierra los ojos, abraza la guitarra y él es la guitarra. En ese momento está haciendo meditación. Es él, para él la guitarra es la vida, se funde con aquello. Y puede llegar a la realización con aquello, ¿verdad? Un pianista o un pintor también. O puede que un pintor no, porque no hace vibrar tanto. Pero la música, que la tienes abrazada, eso para mí es meditar al máximo.

 

Jordi: Podemos tener un método de meditación, que quiere decir una técnica de concentración que te lleva a la meditación. Por el amor a la música, y por el aprendizaje que se ha hecho en relación del instrumento, la guitarra, se provoca una actividad concentrativa que te lleva al estado meditativo, donde se vive la unidad. Pero esto no quiere decir que la persona viva eso en todos los momentos. La realización (que es mucho decir) es ser eso siempre (lo que eres), no sólo tocando la guitarra, sino duchándote, comiendo, andando… La realización es vivir desde la Realidad, no vivir desde lo aparente, desde el error, desde lo falso, desde lo mecánico. Aunque aparezca lo mecánico, lo vivo desde lo real. Es correcto indicar que la música es para aquella persona un método, una técnica para vivir la unidad, pero no la realización. Por eso la persona busca eso. Otros lo buscan haciendo alpinismo, y en ese momento de entrega y de puesta de atención de todo su cuerpo, a lo mejor no lo pueden explicar con la mente concreta, pero es una autenticidad de vivencia en ese momento. Y cada persona la puede tener en diferentes momentos. Habrá quien lo viva comiéndose un trozo de pan con aceite y sal, mientras le da el sol. Cualquier cosa te puede llevar.

Realmente el ego es algo sobrepuesto y esto, sin darnos cuenta, ya lo vivimos. Lo que pasa es que como esto no es tiempo, luego, a nivel de memoria, no se puede decir (si no hay mucha lucidez): “de aquí a aquí era más yo mismo, era la Realidad”. Cualquier cosa es una puerta abierta a la Realidad, porque en sí, la cosa instantáneamente es real.

 

Participante 2: Pero unas cosas más que otras.

 

Jordi: Cualquier cosa, hasta un plato de macarrones. No hay categorías ahí, las categorías, como principios, las puso Kant, pero de cara a la Realidad no hay categorías. Lo que pasa es que estamos culturizados, predispuestos a admirar unas cosas y otras no.

Todo es realidad y por eso cualquier cosa es una puerta de entrada a lo real. Lo real es ahora, no hay nada que esté fuera de lo real.

 

Participante 2: Por lo tanto, si eres consciente de esta realidad…

 

Jordi: Te matizo: no es que seas consciente de ella, sino que la eres. “Consciente de” es un error, es una búsqueda, hay dualidad. La eres ya.

 

Participante 2: La cuestión es si te das cuenta o no, ¿verdad?

 

Jordi: Vivir desde ahí.

 

Participante 2: Aquí y ahora.

 

Jordi: Eso es, aquí y ahora sólo la conciencia Es.

 

Participante 4: Muchas veces necesitas un pensamiento que te diga que estás en aquí y ahora y te saque del hábito de la identificación.

 

Jordi: Eso es un trabajo para ir movilizando, pero ha de durar poco. La Realidad la puedo vivenciar a través del mundo (que es el no yo, el objeto), a través de yo (la noción de sujeto) y a través de la captación de plenitud, de maximalidad, de infinitud. Son tres aspectos de la Realidad, que es uno, pero que se puede vivir de tres maneras. Cuando se vive desde lo real, los tres se unifican. El problema es la idea de sujeto que uno tiene asociada a una espiritualidad, pero que realmente no lo es, porque como sujeto está identificado a algo, aunque sea a espacio. Ya no estoy hablando de la parte subjetiva personal, estoy hablando de sujeto, de identidad. Cuando vas a lo real, a la esencia, a la verdad del sujeto, entonces se descubre que objeto y sujeto es lo mismo. Objeto, sujeto y la vivencia que se tiene de infinitud es lo mismo, se unifican los tres.

Ha de llegar un momento en que se viva eso, aunque es inevitable que durante un tiempo uno tenga que decir: “me voy a dar más cuenta”. Cuando dices: “me voy a dar más cuenta”, lo que haces es abrir el objetivo de los sentidos. Por ejemplo, en el caso de la vista, si estás mirando ahora la mano, abres el objetivo y la mano queda más relegada en la visión. Abres el campo y ves el cuadro, lo otro, lo otro… Es decir, tomas una visión más íntegra. Antes sólo era la mano, y al hacer una especie de ejercicio de ir a un centro, tomas mayor conciencia de experiencia. Ha de llegar un momento en que, al ir al centro, el centro no es un centro de nada, sino que es la totalidad, aunque de entrada es correcto que se haga estos juegos para tener un campo más amplio de visión, una expansión de conciencia mayor.

 

Participante 5: ¿Cómo se tiene la certeza de que estás en la autenticidad de Ser?

 

Jordi: ¿Tú te das cuenta de que ahora estás aquí?

 

Participante 5: Sí.

 

Jordi: Pues así de evidente será cuando suceda. Es de irrefutable claridad. No es ambiguo, no es: “a lo mejor sí, a lo mejor no”…

 

Participante 5: ¿Pero se llega?

 

Jordi: ¡Ah, eso es otra pregunta! No es que se llegue, es que ya lo eres. Lo que pasa es que lo vives detrás de lo que tú crees que eres, detrás de los modos, emociones e ideales que hay ahí. Ya estás viviendo en lo que tú eres.

Todo lo que intuyas y haya un olor de quererlo vivir es posible vivirlo. Es posible vivir la base de eso, el fundamento de eso, no el modo en relación de eso (y el modo también muchas veces, lo que pasa es que se provoca karma, acción y reacción). Por ejemplo, tú quieres tener una casa en el campo con piscina, pero, ¿tú por qué quieres tener una casa en el campo con piscina? Pues seguramente en tu personalidad se ha asociado que tener eso te va a dar una cierta plenitud, mayor lucidez, mayor contentamiento o mayor estímulo a cogerte el día a día con mayor ímpetu… Pues eso que tú percibes, no la casa, sino la plenitud que estás buscando realmente detrás, esto lo vivirás. La pregunta que posiblemente te plantearás, que es: “¿cuándo?”, tiene una respuesta difícil. El “cuándo”, que se plantea en un sentido temporal, ya que se está viviendo desde el tiempo, no se sabe. Porque el “cuándo”, en sí, lleva un error, es falso.

Una cosa que a la persona le cuesta entender es que no hay tiempo. Para la persona sí que hay tiempo: “ayer yo estuve en tal sitio, esta mañana me he comido un plato de macarrones, ha pasado un tiempo, he llegado aquí a las ocho y ahora son las nueve y cinco…“ Es evidente que esto tiene una funcionalidad legible mental, pero esto está funcionando en algo real, que eres tú, y que es no tiempo. Tú lo estás interpretando como tiempo y tú le das unos valores y unos ordenamientos con tu mente, que es memoria, pero en realidad no hay tiempo. La pregunta “¿cuándo?” choca con la realidad sin tiempo. Es difícil de explicar, porque es paradójico para la mente calculadora que funciona con tiempo. Es paradójico, por ejemplo, para hacer una analogía, decir que tú como cuerpo puedes estar en dos sitios al mismo tiempo. Ahora aquí y en el mismo momento en Argentina paseando por una calle de Buenos Aires. Esto a la mente le parece imposible, pero ya se está indicando a nivel científico con la física cuántica: la misma cosa es a la vez un fotón de luz y una onda.

 

Participante 2: Pero si no hay tiempo, ¿tampoco hay espacio?

 

Jordi: Claro, pero es inevitable pasar por el espacio para descubrir el no tiempo. Porque el espacio tiene una categoría diferente objetiva. El objeto, como dimensión, tiene, debido a los sentidos y tal como nosotros experimentamos las cosas, unas delimitaciones: ancho, alto y grosor. El espacio no tiene delimitaciones, es infinitud, por lo que tiene una categoría diferente a todo objeto. Es infinitud, pero al mismo tiempo lo puedes descubrir también como objeto en tu conciencia. Aunque siempre lo descubrirás como objeto en relación de un objeto limitado, porque cuando dejas el objeto limitado y te colocas en espacio, el espacio se reabsorbe en el testigo, en el sujeto real.

 

Participante 2: Según una teoría, en los agujeros negros del espacio no existe ni tiempo ni espacio.

 

Jordi: Sí, de acuerdo, pero esto es mirarlo desde el punto de vista científico objetivando la cosa, mirando el universo y mirando el espacio. Sin embargo, ese agujero negro está en ti ahora aquí. No hace falta investigarlo a través de un telescopio potentísimo, ni por ecuaciones matemáticas, ni por antimateria. Es ahora. Eso es lo que hay que descubrir.

 

Participante 2: Dicen que cuando la persona se muere y va a otra dimensión, ahí no existe el tiempo.

 

Jordi: Debería haber una exigencia de mirar el ego, de mirarlo como persona. ¿Qué es la persona? ¿Dónde puede ir? Se debe ser pulcro a la hora de mirar, porque estamos llenos de dogmas, de creencias y de ideas. ¿A qué le llamamos persona?

 

Participante 2: Es que yo he leído ese libro titulado: “El camino de la sabiduría” que habla precisamente de esto, de que no existe el tiempo. Entonces cuando la persona muere y va a otra dimensión…

 

Jordi: Si la persona va a donde no hay tiempo, no hay persona.

 

Participante 2: Pero la persona es una pequeña parte de un todo.

 

Jordi: No, ya te digo que no hay persona.

 

Participante 2: La persona es una pequeña parte de un todo. Pero de un todo, quiere decir…

 

Jordi: Tú continúas con lo tuyo, pero yo te estoy diciendo que no hay persona. Ya sé, ya, que uno quiere ser una persona y no suelta prenda, ya… No hay persona.

Ahora mismo yo soy tú y tú eres yo. Entonces, ¿qué soy: una persona o muchas personas?

 

Participante 2: Eres la silla, eres el armario, eres el libro…

 

Jordi: ¿Y qué soy: la silla o una persona?

 

Participante 2: Una pequeña parte de un todo.

 

Jordi: ¿Cómo que una pequeña parte? Soy todos los contenidos de mi conciencia ahora mismo. Eso solamente desde el ámbito de la percepción de los sentidos, ya no me voy más allá. Este es el otro apartado del ego, el creerte que eres un cuerpo. No eres ni un cuerpo, ni un haz, ni un vórtice de energía; si nos ponemos exigentes en “eres”, eres Ser. Por lo tanto no eres una persona. A lo que llamas persona, que es cuerpo-mente, está en continuo cambio. Muerte y nacimiento se está produciendo en cada momento, y al mismo tiempo no se está produciendo ninguna muerte ni ningún nacimiento. Porque la vida es ahora, toda, íntegra. No eres ninguna persona, no has sido nunca una persona.

Entonces, si no has sido nunca una persona, ¿a qué infinitud vas a ir como persona? Ni aun yendo a lo sutil o lo astral o como quieras llamarlo, no eres ni un haz de energía. Ni aun yendo más para allá no eres el espacio. Y todavía más para allá no eres ni el testigo. Lo que eres no se puede decir con palabras. No hay mente calculadora o mente estratégica que viva eso. Eso se vive de forma instantánea, intuitiva e independiente a la mente. Aunque lo que esté diciendo son palabras, desde donde están saliendo estas palabras es allí donde Somos. O captas las palabras o captas desde allí desde donde están saliendo las palabras. Y lo normal es que estamos enganchados en las palabras y en las interpretaciones, no en el lugar desde donde salen, desde donde aparecen y desaparecen. Eso es puro silencio (por llamarlo de alguna manera) y tampoco es silencio tal como se entiende. Unos lo llaman Parabrahman. Se le puede llamar de muchas maneras.

 

Participante 4: A la mente le cuesta mucho aceptar que no hay tiempo, que no hay nacimiento ni muerte. Sin embargo, está viendo constantemente el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte.

 

Jordi: Le cuesta mucho, pero es verdad: no hay tiempo. El envejecimiento es un valor relativo en función de la memoria, que hace fotografías y da un valor de tiempo a la diferencia entre una fotografía y otra. La noción intrínseca de ser yo no cambia, permanece igual a los cinco, a los diez, a los quince y a los veinte años. Ese yo es independiente de la memoria del niño a la edad de cinco años. Ahora mismo es y es al mismo tiempo con la experiencia, todo unido: con la sensación del cuerpo, la percepción de la sala, etc. Todo está ahora aquí. Y lo que llamamos “nada”, la nada del sueño profundo, está también ahora mismo aquí. No tengo que ir al sueño profundo para que haya esa nada, Es ahora. Todo en el instante presente es todo: objeto, espacio (también como objeto), sujeto… Todo. Por eso no hay tiempo. Ahora bien, hay mentes que esto no lo pueden percibir de momento. Entonces se necesita hablar de evolución y de todas estas cosas. Por eso el Ser, la Realidad, no evoluciona. Los contenidos… bueno, podemos decir que evolucionan para que nos entendamos.

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