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El apego en las personas

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En apego en las personas

Cuando en la persona aparece reiteradamente la inquietud por sentirse libre y no quedar atrapado por la monotonía y el aburrimiento, así como la demanda de vivir en el presente con la frescura de la espontaneidad más auténtica y deseando sentir gozosamente la paz en cada instante, surge la búsqueda de liquidar esa inquietud y vivir en plenitud algo que está empujando a ser vivido. En esa búsqueda se hace evidente, por un lado, esa demanda de espontánea fluidez, de soltura personal como el no estar atado a ninguna obligación y hacer en cada momento lo que apetezca. Por otro, se evidencia que, al dejar que todo fluya, surgen los mecanismos limitadores de la espontaneidad y paz deseadas, en forma de tensión, emoción y confusión.

 

Por experimentación y comprensión continua de lo expuesto, se hace evidente la necesidad de una disciplina que me sitúe en el lugar donde la autenticidad, la paz y la espontaneidad vibran en unidad. Al vivenciar y desengañarse de prácticas infructuosas y apegos a las mismas, o prácticas que en su momento fueron necesarias pero que hay que ir dejando porque ya han producido su resultado, se va tomando conciencia de un trabajo mas correcto en esa etapa, con el consecuente compromiso firme para que la disciplina de la sinceridad del despertar interno se convierta en el modo de ser sin esfuerzo, la expresión natural de lo que se comprende y se ama. Reconociendo que la sinceridad en lo que se ve y se siente es fundamental para ir comprendiendo lo que está sucediendo. En esa comprensión mayor se hace evidente la necesidad de vivir momentos de silencio interno o una interiorización más profunda y central posible, trascendiendo las identificaciones personales. Desde esa mirada más central y profunda, como atención tranquila y serena, se relativiza toda experiencia viviéndose mas autentico, siendo esa mirada que ve y siente.

 

Descubro la libertad del presente por entrega total, en expresión y recepción sin diferenciación personal. Lo correcto y lo incorrecto se diluyen en la evidencia de lo verdadero. Los movimientos que surgen de los hábitos creados por la identificación y el error son aceptados inmediatamente en la purificación del instante.

 

Para mantenerse en la vivencia del aquí y ahora sin condicionamientos psicológicos se ve la importancia del no desear, ni al mismo tiempo no querer no desear o no apegarse, ni, al no querer no apegarse, la necesidad de liberarse de apegarse o desapegarse por miedo, compensación o idealización. Descubro ese desapego como estar libre de toda forma de apego. Al vivir la vibración de Ser con toda libertad, inteligencia, amor y energía, independiente de modos o modelos de ser. La libertad es vivida en toda circunstancia como unidad; la libertad real surge al diluir la identificación de uno que cree ser libre en la circunstancia. Es la circunstancia la que es libre en si misma, no uno separado de ella y jugando a ser libre con las circunstancias.

 

Se trata de vivir el instante, el presente, sin conceptuarlo, sin valorarlo, sin desear estados idealizados, en un despertar del ahora mismo en cada instante sin ataques ni huidas personales. Aceptando el estímulo que provoca la experiencia y la respuesta a ese estímulo, olvidándose del aspecto personal por la intensidad de la vivencia del ahora.

 

En cada momento la lucidez y el gozo de Ser surgen por el olvido constante de la idea del yo que gana o pierde. Vivenciando lo auténtico detrás de todo lo que aparece y desaparece he incluyéndolo todo al mismo tiempo. La memoria deja de condicionar la vivencia directa de la autenticidad de Ser lo que se Es. La memoria se convierte en funcional y correcta en su nivel. En el olvido del yo que quiere y no quiere, «quién» sabe nada.

 

El conocimiento ha luchado contra el error y ha ganado la batalla, su victoria es la inocencia, «el no saber». Más allá de todos los conocimientos y errores, la verdad es inalterable. El estado de asombro e interés sereno se mantiene.

El quién, que por paradoja mental es incomprensible, sólo por la intuición es evidencia real. «Él» se sabe a sí mismo como sí mismo. Ser lo evidente sin preocupación, sin búsqueda, simplemente siendo en todo momento. El momento circunstancial es uno con Él, en el instante.

 

La energía, el poder, no necesita de la identificación, del «ego». Todo funciona por sí mismo, el yo que cree sólo es una creencia. El corazón late, la respiración funciona, los días transcurren, la consecuencia activa de lo incorrecto o correcto surge independiente de un yo que se lo atribuye.

 

El no desear tener, sentir y hacer emerge como necesidad para Ser; querer Ser es una controversia, Ser se Es. La irrefutable evidencia de la realidad deja sin fuerza a la identificación, que inconscientemente proyecta la misma fuerza real del instante para mantener la creencia o interpretación errónea de alguien separado. El querer y no querer personal se liquida simplemente en el sentir, hacer y ver sin autoría personal. Ser independientemente del querer o desear, más allá de todo apego y desapego, de toda búsqueda y no búsqueda. No pasar de nada y pasar de todo, ahí donde la serenidad y la frescura del instante no se mancilla.

 

El instante vivido en profundidad diluye a ese alguien que conoce y no conoce, y las verdades supuestas sobre la progresión, evolución e involución como toda suposición o análisis comparativo quedan sin punto referencial. Cuando se ve desde lo profundo, todas las conclusiones que se basan en el tiempo son relativizadas inmediatamente, el cual se percibe en su fragilidad, y toda conclusión etiquetada como verdad es vista como un castillo de naipes destruido por el viento. Desde la profundidad del instante, lo profundo y lo superficial, lo superior y lo inferior, se vive en una dimensión integradora.

Aquello que incluye y diluye la presenciación y la identificación, la aparición y desaparición de todo, lo inconsciente y lo consciente, lo sagrado y lo profano, aquello que es uno mismo y no es nada; aquello nos Es. Y es más allá de toda posibilidad. En aquello o en Eso soy, en Él somos.

 

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