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LA CONFIANZA

confianza

Muchas personas se quejan de que ya no confían en nadie, o de que ya no tienen confianza en nada, y se preguntan qué deben hacer para recuperarla. O bien afirman que si los demás no les defraudaran, que si las cosas salieran como a ellas les gustara, volverían a tener confianza otra vez. Pero lo cierto es que la vida sigue su curso, y las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen.

No hay un modo de recuperar la confianza perdida fuera de nosotros o, dicho de otra man era, sólo hay u11a forma de recuperarla , y es con determinación. Es una elección person al cargada de valor. Yo elijo tener confianza (siempre) porque nada de lo que suceda va a conseguir que se altere mi paz interior. Mi felicidad no tiene que depender da nada ni de nadie.

Ciertamente, las personas pueden jugarte malas pasadas, pero el problema está en depender de ellas. Uno confía en que los demás le resuelvan los problemas y no le engañen, pero inevitablemente los demás fallan, al igual que yo mismo he fallado o puedo fallar a otros. Justamente, esa misma dependencia en los demás pone de manifiesto mi inseguridad y desconfianza en lo que es más importante para mí y sin darme cuenta.

Yo mismo.Por ello, la verdadera confianza parte de uno mismo, y no está en función de los propios logros. Elijo confiar deliberadamente siempre en mí, independientemente de mis fallos, porque éstos me permiten aprender y crecer más si mantengo esa confianza y no me echo atrás. Confio en mí porque es la única fuerza motriz que me permite lograr cosas ; confianza, siempre confianza…, una y otra vez.

 

Ahora bien, en cuanto a las personas, es cierto que no se puede confiar en todas, pero eso no significa que se pierda la confianza en uno mismo (si la hay, claro). Si encuentro una persona en la que no se puede confiar, la dejaré, porque no tiene sentido perder el tiempo en un problema tras otro, pero nunca perderé la confianza en mí mismo, que es el núcleo d.e la cuestión.

Cada relación, cada nuevo encuentro, estará repleto de confianza porque nunca tendré miedo al fracaso. Mi vida nunca va a depender de que una relación concreta funcione o no, porque todos sabemos, y debemos aceptar con confianza que unas relaciones funcionan y otras no, e incluso que muchas funcionan maravillosamente durante un tiempo y luego fracasan sin motivo aparente.

El problema del engaño no se encuentra tanto en el que engaña, sino en el que se siente engañado. Las personas somos libres de actuar de la forma que creamos conveniente , y mu chas veces n os equivocamos.

La persona engañada se siente dolida, frustrada y ofendida, y retirar la confianza es una forma de represalia, de castigo, que al mismo tiempo se vuelve en contra de nosotros, porque … si ya no puedo confiar en nadie, ¿quién me queda? Sólo yo mismo. Y si tampoco confio en mí, ¿qué ocurre entonces? Ocurre que uno se siente vacío, solo y desamparado. Y, paradójicamente, ese vacío sólo se puede llenar con confianza.

Una madre no deja de querer a su hijo porque éste le engañe; le duele, eso sí, pero no deja de amarlo. El niño tiene que aprender a portarse bien socialmente, porque si no lo hace perderá la confianza que los demás hayan depositado en él previamente, sin tener que haber demostrado nada antes.

Pero también debe aprender a que la confianza no se convierta en un arma de manipulación en manos de los demás (ni en sí mismo), para conseguir de él lo que conviene a los otros a través del castigo, ya sea físico o psicológico.

Incluso en la edad adulta muchas personas actúan de forma infantil e inmadura convirtiendo la confianza en su arma de guerra preferida: <<Ya no confio en ti porque no te lo mereces>>, <<Si no haces lo que yo te digo, nunca volveré a confiar en ti>>. No obstante, la verdad es que cuando uno confía plenamente en sí mismo, no necesita de la confianza del otro, y mucho menos de sus estrategias manipuladoras .

El ser hunano es confiado por naturaleza. El bebé tiene confianza plena en su madre, y sólo con el paso de los años y por medio de la frustración, uno se vuelve inseguro y pierde la confianza, aunque fundamentalmente la pierde en sí mismo. Confianza que surge de mi propia determinación, sin motivo alguno y sin necesidad de que nadie tenga que demostrarme nada. Confianza en que todas las circunstancias cambian y que aquello que hoy me produce malestar, mañana se puede transformar en gozo. Confianza en que la vida es para vivirla felizmente, incluso en la adversidad. Y confianza porque sólo ella es mi motor en la vida y sin ella no se consigue absolutamente nada.

La confianza se apoya en una cualidad que es su gran aliada, la perseverancia: la constancia en mantener la virtud una y otra vez , siempre. Virtud que es, precisamente, el desarrollo y puesta en acto de nuestras cualidades positivas de forma constante y consciente. Por lo tanto, a mayor perseverancia, mayor confianza, y a mayor confianza, mayor perseverancia.

La confianza es la seguridad (la fe) de que pase lo que pase, y sea como sea, todo va a salir bien finalmente. Aun así, no se puede confiar a ciegas, de forma que la prudencia, la coherencia y el sentido común tienen que ser nuestros aliados.

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